El Winnipeg de Neruda: la odisea que llevó a más de dos mil españoles a Chile
La travesía del Winnipeg, guiada por Pablo Neruda, salvó a miles de españoles y los llevó a un nuevo comienzo en Chile.

El 4 de agosto de 1939 el carguero francés Winnipeg zarpó de Pauillac, en la ribera de la Gironda, bajo el mando del capitán Gabriel Pupin. A bordo iban 2.078 españoles que habían sobrevivido a la represión franquista y pasado meses en los precarios campos de internamiento franceses, con la esperanza de reencontrar una segunda oportunidad en Chile. La salida del puerto marcó el inicio de una travesía de un mes que, gracias a la intervención del poeta‑diplomático Pablo Neruda, culminó en Valparaíso.
El contexto que obligó a la evacuación
Tras la caída de la República en abril de 1939, cientos de miles de refugiados cruzaron a Francia. El gobierno francés, falto de recursos, los confinó en barracas improvisadas cerca de la frontera. La falta de agua potable, la escasez de alimentos y las pésimas condiciones sanitarias provocaron cientos de muertes por desnutrición y enfermedades. En medio de ese drama, Neruda, ex cónsul chileno en Barcelona y Madrid, percibió la urgencia de buscar una salida para los que aún tenían vida.
La diplomacia chilena se moviliza
Junto al ministro de Relaciones Exteriores Abraham Ortega Aguayo, Neruda convenció al presidente Pedro Aguirre Cerda de financiar la mayor cantidad posible de evacuaciones. El acuerdo oficial priorizaba a técnicos, pero la realidad fue que el Winnipeg recibió pescadores, campesinos, albañiles, zapateros, artistas y sus familias. La operación contó con el apoyo del Comité Chileno de Ayuda a los Refugiados Españoles, la Federación de Organizaciones Argentinas Pro Refugiados Españoles (FOARE) y el Ateneo Español Republicano de Bogotá.
Neruda, cónsul delegado, impulsa la convocatoria
Designado cónsul delegado para la inmigración española, Neruda viajó a París y redactó la convocatoria que se distribuyó en los campos. En sus palabras, Chile era una tierra dura pero dispuesta a recompensar a quien la trabajara con esfuerzo. Ingenieros, pintores, dramaturgos y familias enteras respondieron al llamado; el ingeniero Víctor Pey recuerda la fría entrevista y la nota que le indicó abordar el Winnipeg diez días después.
Peligros durante la travesía
El Winnipeg, construido en 1918 en Le Havre, fue adaptado entre junio y julio de 1939 para acoger a más de dos mil pasajeros, pese a que su capacidad habitual era de veinte personas. La misión se vio amenazada cuando el capitán Pupin, simpatizante del nazismo, intentó desviar el barco hacia un puerto español para entregarlo a Franco. La tripulación, encabezada por el marinero jefe Emile Sellon y el oficial Jean Rivoual, se opuso y evitó el sabotaje. Testimonios de Ovidio Oltra y de Sellon, publicados en 1970, describen la tensa lucha que salvó la operación.
Valparaíso los recibe
Después de navegar a oscuras por temor a los submarinos alemanes, el Winnipeg arribó a Arica el 26 de agosto y, la noche del 2 de septiembre, entró en el puerto de Valparaíso. Allí el ministro de Sanidad Salvador Allende organizó la vacunación contra el tifus. Entre los pasajeros destacaron el pintor José Balmes, la artista Roser Bru, el historiador Leopoldo Castedo y la bebé Agnes América Winnipeg, nacida durante la travesía. Una vez en tierra, algunos se asentaron en Valparaíso, otros cruzaron a Buenos Aires y la mayoría continuó hacia Santiago, donde fueron recibidos por una multitud de compatriotas y simpatizantes chilenos.
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