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Francia y Alemania presionan a la UE para endurecer la política comercial ante el auge de China

Francia y Alemania buscan que la UE adopte medidas más firmes contra prácticas comerciales chinas.

El 5 de octubre, Francia y Alemania enviaron a la Comisión Europea una carta con una serie de propuestas destinadas a frenar la creciente presencia de la maquinaria exportadora china en los mercados europeos, sin nombrar al país de forma explícita. La iniciativa llega cuando el comisario de Comercio de la UE y sus homólogos chinos se preparan para una ronda de negociaciones decisivas que se extenderá durante la semana.

Una postura alemana que rompe con la tradición

Durante años Berlín se mantuvo como la voz más moderada del bloque, reacio incluso a respaldar aranceles a los vehículos eléctricos fabricados en China, medida que la propia UE aprobó en 2024. La presión de los sectores manufactureros alemanes, sobre todo la industria de maquinaria, ha provocado un giro radical: los fabricantes denuncian una competencia que consideran desleal y que está erosionando empleos en el corazón del país.

«Existe un amplio consenso de que la situación no puede seguir así», afirmó Oliver Richtberg, presidente de la asociación VDMA, que agrupa a los fabricantes de maquinaria. La carta franco‑alemana propone, entre otras cosas, una “capacidad de segundo golpe” que permitiría a la UE responder de forma rápida y coordinada ante posibles represalias chinas.

¿Qué plantea la propuesta conjunta?

El documento sugiere dotar a la Comisión de poderes para activar medidas de represalia cuando la UE detecte prácticas consideradas desleales, como subsidios ocultos o una política cambiaria que devalúe la moneda china. Además, plantea reforzar los instrumentos de defensa comercial existentes, agilizando los procesos de investigación y ampliando su alcance a sectores completos en lugar de empresas aisladas.

Otra línea de acción es la creación de una herramienta de diversificación de las cadenas de suministro. Aunque los detalles son escasos, la intención es reducir la dependencia europea de insumos críticos provenientes de China, como las tierras raras, y fomentar la cooperación con terceros países que ofrezcan mayor resiliencia.

Preferencia europea y salvaguardias ampliadas

Francia y Alemania también piden que la UE implemente una política de “preferencia europea”, obligando a los compradores públicos a priorizar productos fabricados en territorio comunitario para sectores estratégicos. La carta menciona la reforma de las salvaguardias, que permitirían imponer derechos compensatorios a cualquier país que genere un salto inesperado de importaciones, medida que, según analistas, apunta directamente a China.

Reacción de Pekín y el contexto geopolítico

El Ministerio de Comercio chino respondió antes de que la carta se hiciera pública, advirtiendo que una demostración de fuerza en medio de las negociaciones dañaría la confianza y entorpecería el proceso. Días después, China lanzó una investigación antidumping sobre productos químicos europeos, en un movimiento que parece corresponder a las tres investigaciones que la UE había abierto contra Beijing la semana anterior.

El conflicto se inserta en un panorama más amplio: la ayuda de China al esfuerzo bélico de Rusia en Ucrania ha encendido la indignación en Europa, mientras que la falta de transferencia tecnológica en los proyectos de inversión chinos genera sospechas sobre una estrategia de captura de know‑how.

Impacto para la economía europea

Si la UE adopta las medidas propuestas, se produciría un giro decisivo hacia un modelo más proteccionista que podría redefinir las reglas del juego comercial global. Los defensores aseguran que una postura más firme fortalecerá la resiliencia europea, que ya demostró capacidad de adaptación tras la crisis energética de los últimos años.

Los críticos, sin embargo, advierten que un endurecimiento brusco podría encarecer los insumos para la industria local y provocar represalias que afecten a exportadores europeos. El debate que se abrirá en la cumbre de líderes europeos la próxima semana será decisivo para medir cuánto peso tendrá la presión franco‑alemana en la agenda de la UE.

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