Salud

Error de la AESAN: informe sobre menopausia basado solo en estudios masculinos

La AESAN publicó un informe de menopausia sin datos femeninos, reavivando la discusión sobre sesgos de género en la investigación médica.

Error de la AESAN: informe sobre menopausia basado solo en estudios masculinos

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) difundió el 3 de septiembre de 2026 un documento nutricional para la menopausia que, al revisarse, resultó haber tomado como referencia exclusivamente ensayos realizados en hombres.

La equivocación desató una fuerte discusión entre profesionales de la salud, investigadoras y activistas que señalan que este tipo de sesgo no es una anomalía, sino una práctica arraigada desde los inicios de la medicina experimental. Las diferencias hormonales, la distribución de la grasa y la respuesta inmune varían notablemente entre sexos; cuando los ensayos clínicos no incluyen a las mujeres, los tratamientos pueden producir efectos adversos inesperados o diagnósticos imprecisos.

Este sesgo invisible sigue cobrando vidas y recursos en la práctica cotidiana. La falta de datos femeninos obliga a los médicos a extrapolar resultados de hombres a mujeres, una estrategia que, según la propia comunidad científica, genera una cadena de incertidumbre y, en muchos casos, tratamientos inadecuados.

La “medicina bikini” y sus efectos colaterales

Durante décadas la investigación se concentró en los órganos reproductivos femeninos, mientras que cualquier otro aspecto del cuerpo se estudió en cuerpos masculinos. El término “medicina bikini” surgió para describir esa visión parcial que deja fuera al 50 % de la población en la mayoría de los estudios.

Enfermedades como la endometriosis o el síndrome de ovario poliquístico siguen infradiagnosticadas porque sus síntomas se normalizaron como parte del ciclo menstrual. El tiempo promedio para recibir un diagnóstico de endometriosis supera los ocho años, lo que alimenta la desconfianza en el sistema sanitario y favorece la automedicación.

Ensayos clínicos sin presencia femenina

En Estados Unidos la inclusión obligatoria de mujeres en ensayos no se estableció hasta 1993; en Europa la normativa oficial llegó en 2014 con el Reglamento (UE) n.º 536/2014. Antes de esas fechas, cientos de fármacos fueron aprobados con dosis calculadas a partir de datos masculinos. El caso del zolpidem, un somnífero cuya eliminación es más lenta en mujeres, muestra el daño acumulado: tardaron dos décadas en ajustar la dosificación para el sexo femenino.

Los psicofármacos presentan una problemática similar. Un estudio de 2010 analizó 150 ensayos sobre depresión y reveló que la mitad de los trabajos que incluían a ambos sexos no diferenciaba los resultados por género. En la práctica, las mujeres reciben recetas de antidepresivos 1,7 veces más frecuentemente que los hombres, aun cuando el cuadro clínico sea comparable.

Salud cardiovascular: otro punto ciego

El síndrome de Yentl, descrito en 1991, alertó sobre la subrepresentación femenina en la investigación cardiovascular. En España, el 33,6 % de las muertes por enfermedad cardiovascular corresponde a mujeres, pero los síntomas de infarto se estudian mayormente en hombres. Mientras el dolor torácico clásico predomina en varones, en mujeres el cuadro suele manifestarse como dolor en mandíbula, espalda o abdomen, lo que retrasa la atención médica.

Este sesgo quedó patente en un estudio de la aspirina con 22 000 participantes, todos hombres. La ausencia de datos femeninos perpetúa protocolos que no se ajustan a la fisiología de la mitad de la población.

¿Qué se necesita para cambiar?

Corregir el informe de la AESAN es solo la punta del iceberg. Para evitar errores similares es fundamental que las agencias reguladoras exijan la inclusión de ambos sexos en la fase de diseño y que los resultados se publiquen desglosados por género. La formación de los profesionales de la salud también debe incorporar la conciencia de estas diferencias biológicas.

El debate abierto y la presión de la comunidad científica y ciudadana son herramientas efectivas para acelerar la reforma. Solo con datos representativos y una mirada crítica podremos garantizar que la medicina sirva a todas las personas, sin privilegios de género.

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