El misterio del bajón de energía a la 1 p.m.: la ciencia lo desvela
La ciencia explica por qué la tarde trae somnolencia y ofrece estrategias para seguir productivo.

El misterio del bajón de energía a la 1 p.m.: la ciencia lo desvela
En Córdoba, como en cualquier punto del país, la primera hora de la tarde suele traer una sensación de letargo que muchos atribuyen a la comida o a la falta de sueño. A eso de las 15 h la concentración decae, el cuerpo pide una pausa y el café se vuelve el mejor aliado. Sin embargo, el verdadero culpable no es la agenda ni la última comida, sino una serie de procesos biológicos que se activan justo en ese momento.
Dos mecanismos que controlan la vigilia
Los neurocientíficos explican nuestro nivel de alerta mediante la interacción de dos sistemas. El primero es la adenosina, una molécula que se acumula mientras estamos despiertos y que actúa como una señal de “necesito descansar”. Cada minuto que pasa eleva su concentración, generando una presión creciente de sueño.
El segundo sistema son los ritmos circadianos, el reloj interno que se sincroniza principalmente con la luz solar. Durante el día, la exposición a la luz inhibe la producción de melatonina y nos mantiene despiertos; al anochecer, la melatonina se libera y potencia la sensación de sueño. La conjunción de ambos procesos explica por qué, aunque el sol sigue alto, a mediados de la tarde sentimos una caída repentina de energía.
El valle de la tarde: de 13 a 15 horas
Al despertarnos, la somnolencia baja rápidamente durante una o dos horas, lo que nos permite arrancar la jornada con energía. La mañana transcurre con niveles relativamente estables, pero al llegar la primera hora de la tarde los ritmos circadianos provocan un leve repunte de adenosina que, sumado a la presión acumulada, produce el llamado “bajón de las 15”.
Ese descenso no es lineal; se forma un valle que se profundiza y luego se nivela a medida que avanza la tarde. Al final del día, la disminución de la luz natural dispara la liberación masiva de melatonina, preparando al cuerpo para el sueño nocturno.
Comida, glucosa y el papel de las orexinas
Si bien el bajón puede aparecer sin haber comido, los estudios demuestran que una comida copiosa lo intensifica. La profesora Michelle Spear, de la Universidad de Bristol, indica que el aumento de glucosa después de la comida activa el sistema de orexinas en el hipotálamo. Estas neuronas normalmente estimulan la vigilia, pero al recibir una señal de alta glucosa pueden reducir su actividad temporalmente, favoreciendo la somnolencia.
En otras palabras, el cuerpo interpreta que ya recibió energía y, por un momento, decide que no necesita estar a full, lo que se traduce en esa sensación de “quiero una siesta”.
Estrategias para vencer el bajón sin depender del café
La cafeína sigue siendo la solución más popular, pero su efecto es pasajero: bloquea los receptores de adenosina sin eliminarla, de modo que cuando pasa el impulso de la cafeína, la presión de sueño vuelve con fuerza. En lugar de depender del café, la experta propone tres tácticas basadas en la evidencia.
Primero, aprovechar la luz natural. Si trabajás en una oficina cerrada, abrir las ventanas o dar una breve caminata al exterior permite que la retina reciba la luz azul que refuerza los ritmos circadianos y reduce la somnolencia. Cuando la luz natural no es una opción, una lámpara con alta emisión de azul puede servir como sustituto.
Segundo, programar una micro‑siesta de diez minutos al inicio de la tarde. Un descanso breve permite que el cerebro reduzca la presión de adenosina sin entrar en fases profundas del sueño, dejando la mente renovada para seguir trabajando.
Tercero, ajustar la composición de la comida. Optar por alimentos con bajo índice glucémico y evitar grandes cantidades de carbohidratos simples ayuda a mantener más estable la señal de orexinas, reduciendo la magnitud del bajón.
Consejos prácticos para el lector cordobés
Comprender que el bajón de las 15 h es una respuesta biológica y no una simple falta de voluntad permite afrontarlo con herramientas efectivas. Cambiar la posición de la silla, abrir una ventana, tomar una taza de té verde o programar una micro‑siesta son acciones que cualquier trabajador o estudiante puede aplicar sin necesidad de recurrir a la cafeína en exceso.
Así, la próxima vez que el teleoperador insista en llamarte justo cuando tu cerebro pide una pausa, sabés que no es culpa tuya: es la biología hablando. Con estos ajustes podés seguir adelante con más energía y menos frustración.

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