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Un mes después de la avalancha en Langtang Lirung: horror, rituales y solidaridad en Nepal

Un mes después de la avalancha que arrasó el Bhote Koshi, la gente de Bidur vive entre lodo, rituales y ayuda internacional.

El 26 de agosto de 2026, a las 8:37 de la mañana, una colosal masa de roca y hielo se desprendió de la ladera norte del Langtang Lirung, a 5.000 metros de altura. La avalancha bloqueó el cauce del río Lhende Khola y, al ceder la barrera, una ola de barro, agua y piedras arrasó la cuenca del Bhote Koshi. La corriente alcanzó más de cien kilómetros por hora, recorrió más de 130 kilómetros y, en menos de una hora, llegó a Rasuwagadhi, siguió por el Trishuli y se depositó en Mugling.

Cifras que aún no se cierran

Pasado un mes, la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal contabiliza 1.453 fallecidos y 5.550 desaparecidos; la Policía, sin embargo, ha reducido la lista a 4.718 personas sin rastro. En los campamentos militares se colgaron cientos de fotos de los que buscan, testimonio visual de la magnitud del desastre. Sólo unas pocas viviendas sobrevivieron, entre ellas un templo en el poblado de Bidur, donde un joven de remera blanca reparte manzanas y su primo jugos como ofrenda al abuelo fallecido en la inundación.

Rituales de despedida entre el lodo

En la tradición nepalí, la muerte se despide al agua mediante el antyeshti: el cuerpo se lleva a un ghát, se enciende la pira y las cenizas se entregan al río. Cuando la catástrofe deja miles sin restos, la costumbre permite crear un sustituto con hierba sagrada kusha, cubrirlo y tratarlo como si fuera el ser querido. Las familias que no hallan cuerpos pueden así realizar la ceremonia, bañando el montículo en el Trishuli y quemándolo, sin derramar lágrimas que, según la creencia, atan el alma.

La casa verde que se volvió símbolo

Una vivienda pintada de verde, conocida como la “Miracle Green House”, quedó aislada en medio del lodo mientras el resto del barrio desapareció bajo la corriente. La familia Pyakurel se refugió en el techo; tras más de una hora, vecinos improvisaron una escalera de caños metálicos para sacarlos. La estructura, inmune al torrente, se transformó en una atracción de Google Maps y en un recordatorio palpable de la resiliencia local.

Una escuela que salvó a cientos de vidas

En la Tribhuvan Trishuli Secondary School de Bidur, el director Rajendra Dawadi recibió la alerta de la inundación minutos antes de que la ola golpeara. Decidió suspender las clases y ordenar la evacuación a los cerros. En catorce minutos, estudiantes y personal lograron subir; sólo dos docentes quedaron desaparecidos. Hoy las aulas forman parte del cauce del Trishuli, pero la rápida decisión del director es citada como la que salvó a cientos de jóvenes.

Ayuda internacional y la labor de la aviación

Ayudas de todo el mundo arribaron a Nepal, entre ellas un Boeing 787 de Solidaire, la ONG fundada por Enrique Piñeyro, cargado con más de 60 toneladas de insumos de la Cruz Roja. El avión tuvo que entrenar en un simulador de Madrid para superar el exigente aeropuerto de Katmandú, donde la altitud y el clima complican cualquier aterrizaje. En los campamentos, mantas, bombas y kits de potabilización se reparten entre la población mientras el ejército instala cables y tirolesas para reconectar las comunidades aisladas.

Calor global, culpable silencioso

Un estudio de World Weather Attribution publicado el 17 de septiembre concluyó que el calentamiento global adelgazó el hielo del Langtang Lirung, facilitó el deshielo del permafrost y aumentó la presión interna que desencadenó la avalancha. Nepal, que apenas contribuye a las emisiones, señala a las grandes potencias como responsables de la peor parte del daño.

Cantos de esperanza al borde del Trishuli

Al atardecer, alrededor del templo de Bidur, cerca de cincuenta personas cantan y golpean tambores mientras el río Trishuli sigue rugiendo. Velas, ofrendas de comida y chelines se depositan al pie de fotos de los desaparecidos. La ceremonia continúa, recordando que, aunque la forma de la muerte varíe según el lugar, la necesidad de honrar a los que se fueron sigue siendo la misma.

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