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Testimonios cordobeses de sobrevivientes del 11‑S que aún conmueven al país

Historias de vida y memoria que siguen resonando en la capital cordobesa

Testimonios cordobeses de sobrevivientes del 11‑S que aún conmueven al país

Veinticinco años después del 11 de septiembre de 2001, los relatos de quienes escaparon con vida de las Torres Gemelas siguen circulando por los salones de la Universidad Nacional de Córdoba y las aulas de colegios de la ciudad. Cada historia vuelve a ser una advertencia y una lección de humanidad que el público cordobés recibe con la misma intensidad que en aquel día de terror.

Brian Clark y Stanley Praimnath: la huida por los 1 620 escalones

El canadiense Brian Clark, vicepresidente de Euro Brokers, llegó a su oficina del piso 84 a las 7:15 a.m. mientras el guyanés Stanley Praimnath ya trabajaba en el piso 81. Cuando el vuelo 11 impactó la Torre Norte, Clark tomó una linterna de seguridad y, en vez de subir, decidió bajar. Convenció a Praimnath de seguirlo y ambos descendieron 1 620 escalones, atravesando fuego, polvo y paredes derrumbadas.

En medio del caos, Praimnath se refugió bajo su escritorio rezando, mientras el techo se desplomaba. Un grito de auxilio los sacó de la incertidumbre; a pesar de que una mujer insistía en subir, Clark mantuvo la linterna encendida y los guió a través de una pared de yeso. Al tocar el suelo, se abrazaron y se juraron ser “hermanos de sangre”. La policía les indicó correr y, minutos después, la Torre Sur se vino abajo, cubriendo bajo Manhattan una nube de polvo que los siguió hasta la calle.

Desde entonces, Clark y Praimnath han ofrecido más de cien charlas en escuelas y medios, manteniendo viva la memoria del atentado en la provincia.

Bill Dacunto: del piso 88 a la reconstrucción del nuevo World Trade Center

Bill Dacunto trabajaba en el piso 88 de la Torre Norte cuando, a las 8:05 a.m., el primer avión impactó. El techo del restaurante del lobby se vino abajo y el ruido se escuchó como una bomba. Dacunto logró salir al lobby, donde una mujer envuelta en llamas cruzó su camino. Un policía le ordenó no volver a entrar y él obedeció, quedándose fuera mientras el segundo avión golpeaba la Torre Sur.

El edificio se inclinó y sintió como si un vacío lo succionara. Tras una hora y veinte minutos de descenso, llegó a la planta baja y vio los restos de los dos rascacielos. En los años posteriores dedicó su carrera a la reconstrucción del World Trade Center y hoy ocupa una oficina en el 7 World Trade Center, donde asegura que “intentaron derribarnos y fracasaron”.

Michael Lomonaco y la fundación Windows of Hope

El chef ejecutivo Michael Lomonaco dirigía el restaurante Windows of the World, ubicado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte. Cuando el avión impactó, él estaba en la planta baja del edificio. Al sentir la sacudida, pensó que era un subte, pero pronto comprendió la magnitud del desastre.

Lomonaco logró evacuar y, al mirar hacia arriba, vio a sus compañeros agitando un mantel blanco pidiendo socorro. Después del atentado fundó la organización benéfica Windows of Hope, que recaudó más de 22 millones de dólares para cubrir gastos médicos y escolares de los hijos de los empleados fallecidos.

John Sujo: fe y acción entre el polvo

John Sujo llegó a su oficina del piso 81 de la Torre Norte a las 8:05 a.m.; su esposa Mary trabajaba en la Torre Sur. El avión atravesó su edificio entre los pisos 93 y 99 y el techo se desplomó sobre él. Mientras descendía, rezó pidiendo a Dios que acompañara a los que estaban a su lado.

Al llegar al nivel bajo, el edificio tembló y una luz roja de ambulancia le indicó una salida entre el humo. John y un compañero del FBI rezaron juntos hasta que la luz les mostró la vía de escape. Tras el colapso, fundó la organización YouCanFreeUs, que brinda refugio y educación a casi 1 000 niños y a mujeres vulnerables en la India.

Mikaila Cruz: la joven que escapó del segundo impacto

Mikaila Cruz trabajaba en el piso 95 de la Torre Sur. Tras el primer impacto en la Torre Norte, bajó en ascensor hasta el piso 78. Cuando el segundo avión golpeó la Torre Sur, ella logró salir justo a tiempo, cruzando la calle South Street Seaport y caminando 35 cuadras hasta la 35 calle.

Un taxista la llevó sin cobrarle; ella le pidió que la llevara a la casa de su madre. En el trayecto, el conductor la tranquilizó con una sonrisa y le dijo que creyera en su padre. Mikaila llegó a casa sin saber que había sobrevivido al atentado más mortífero de la historia, que dejó 2 977 víctimas y más de 25 mil heridos.

En Córdoba, estos testimonios se convierten en parte del currículo de historia y de los programas de memoria. Las charlas de los sobrevivientes siguen convocando a estudiantes, docentes y a la comunidad en general, recordando que la resiliencia y la solidaridad son la mejor respuesta a la violencia.

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