Betty Ong: la azafata cuya llamada encendió la primera alarma del 11‑S
La azafata que, con su voz, dio la primera señal de la tragedia del 11‑S.

La llamada que encendió la alerta
El 11 de septiembre de 2001, a los ocho y cuarenta y tres de la mañana, la azafata Betty Ann Ong tomó el auricular del teléfono de la cabina del vuelo 11 de American Airlines y, sin titubear, avisó al centro de operaciones: «Creo que nos están secuestrando». Esa frase, transmitida desde la ruta que cruzaba el cielo de Nueva York, fue la primera señal de la tragedia que se desplegaba en el aire.
Durante veintitrés minutos, Ong describió con una serenidad que dejó perplejos a sus interlocutores lo que ocurría dentro del Boeing 767: dos compañeras habían sido apuñaladas, un pasajero resultó herido, la cabina de mando no respondía y los viajeros de primera clase fueron obligados a desplazarse hacia la parte trasera del avión. Con precisión, anotó los números de asiento de tres de los secuestradores y los transmitió a Vanessa Minter, agente de reservas en Cary, Carolina del Norte.
La conversación se cortó a las 8:44 y, dos minutos después, la aeronave se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center, cobrando la vida de los 92 ocupantes del vuelo.
Detalles de la secuestración a bordo
El plan, liderado por Mohamed Atta, se puso en marcha unos veinte minutos después del despegue. Los terroristas apuñalaron a las azafatas Karen Martin y Barbara Arestegui y al pasajero Daniel Lewin. En la zona de primera clase rociaron lo que la Comisión del 11‑S describió como posible gas pimienta, obligando a los pasajeros a retroceder al fondo del avión, donde se encontraba Ong.
Al intentar comunicarse con los pilotos mediante el intercomunicador, Betty no obtuvo respuesta y, por decisión propia, marcó a tierra. Su voz, firme y sin titubeos, informó que la cabina estaba en silencio, que había sangre y que el aire se hacía difícil de respirar. La supervisora de operaciones Nydia González, quien tomó el relevo de la llamada, confirmó ante la comisión que Ong mantuvo la calma y entregó información crucial para la investigación.
Otra voz que sumó la alerta
Betty no estuvo sola en su intento de alertar al mundo. La azafata Madeline “Amy” Sweeney, también a bordo del vuelo 11, logró contactar al servicio de vuelo de American Airlines en Boston, hablando con el gerente Michael Woodward. Su conversación, de doce minutos, complementó la de Ong y aceleró la decisión de la Administración Federal de Aviación de cerrar el espacio aéreo nacional, una medida sin precedentes.
El recuerdo de una heroína
El Museo y Memorial del 11‑S reconoce a Betty Ong como “la primera sirena de alarma que notificó a las autoridades que el país estaba bajo ataque”. En 2004, durante las audiencias de la comisión, se reprodujo por primera vez su grabación y el presidente Thomas Kean resaltó su coraje y abnegación. La familia Ong transformó el dolor en acción: el Centro Recreativo Chino de San Francisco pasó a llamarse Centro Recreativo Chino Betty Ann Ong y la Fundación Betty Ann Ong financia campamentos y programas de ayuda para jóvenes en Bakersfield.
Su nombre también quedó grabado en el Panel N‑74 del Memorial Nacional del 11‑S y en un mural del barrio North Beach de San Francisco, donde se celebra la contribución chino‑americana a la historia de EE. UU. En el registro final de la llamada, la voz de Betty repite la pregunta que quedó suspendida en el aire: «¿Están ahí?». Su hermano Harry asegura que, cada 11 de septiembre, la familia sigue escuchando esa pregunta y responde: «Aquí estamos, Betty».
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