Potencias medianas refuerzan su inteligencia ante la amenaza rusa y china
Europa, Japón y Canadá rediseñan su espionaje para no depender solo de EE. UU.

El 23 de febrero de 2022 Bruno Kahl, entonces jefe del servicio de inteligencia exterior de Alemania, llegó a Kiev convencido de que Moscú no cruzaría la frontera. A la madrugada siguiente, los bombardeos rusos sobre la capital ucraniana obligaron a evacuar al diplomático entre una ola de refugiados que se dirigían a Polonia. Ese episodio dejó al descubierto la debilidad de los servicios de inteligencia europeos para prever una crisis de tal magnitud.
El fracaso que encendió una reforma profunda
El revés en Kiev no fue un caso aislado. En Francia, la inteligencia militar también se equivocó y el general Eric Vidaud renunció tras la misma falla. Alemania y Francia, que habían confiado en alertas de EE. UU. y el Reino Unido, comprendieron que la dependencia de información externa era insostenible. La respuesta fue lanzar proyectos legislativos que permitan a los servicios crear sus propias señales de alerta.
Japón levanta un nuevo aparato de inteligencia
Tras la Segunda Guerra Mundial, Japón había perdido gran parte de su tradición de espionaje; los agentes apenas podían operar fuera del archipiélago y la información se gestionaba en papeles. Este verano el gobierno puso en marcha el Consejo Nacional de Inteligencia y la Oficina Nacional de Inteligencia, siguiendo el modelo australiano, para centralizar datos humanos y técnicos. La meta es una agencia exterior con plenas facultades y una legislación que le permita contrarrestar a China, Rusia y Corea del Norte, pese a la resistencia heredada de la era imperial.
Alemania y Suecia amplían sus armas operativas
En Berlín, el Parlamento debatirá reformas que autorizarán al BND a hackear a adversarios y a emplear “medios cinéticos” sin dañar personas, una medida que el exfuncionario Gerhard Conrad describió como pasar de “vegetarianos a flexitarianos”. Suecia, que también subestimó la invasión rusa, está creando una nueva agencia civil de inteligencia exterior que comenzará a operar el próximo año, combinando fuentes secretas, comerciales y públicas para ampliar su alcance, según Carl Bildt.
Canadá y Países Bajos buscan mayor agilidad institucional
En Ottawa, un comité parlamentario evalúa la necesidad de una agencia de espionaje exterior después del asesinato de un activista sij atribuido a la India y la presión de Trump para excluir a Canadá del Five Eyes. Mientras tanto, los Países Bajos, que ya fusionaron en 2002 la inteligencia nacional y exterior bajo la AIVD, planean otorgarle un mandato anual para actuar contra “oponentes evidentes” sin autorización previa, una ventaja que la directora Simone Smit califica como “agilidad propia de un país pequeño”.
Cooperación europea bajo la sombra de EE. UU.
Los servicios de inteligencia europeos aseguran que la colaboración entre ellos ha alcanzado niveles sin precedentes; Nicolas Lerner, jefe de la DGSE, destaca la integración de equipos centrados en Rusia, apodados “Russia House”. Sin embargo, la desconfianza persiste: la breve suspensión del intercambio de inteligencia con Ucrania bajo la administración Trump y los temores de que EE. UU. pueda convertirse en una amenaza directa obligan a los aliados a contemplar planes de contingencia. Expertos como el exoficial David Gioe advierten que una ruptura de la cooperación costaría a Europa más que la pérdida de un socio estadounidense.
En medio de estas transformaciones surge la idea de una alianza europea de inteligencia similar a los Five Eyes. Finlandia ya propuso un servicio de cooperación a nivel de la UE y Alemania y los Países Bajos han pedido una versión europea de esa red. La dificultad radica en que compartir secretos a fondo requiere una confianza que, históricamente, solo los países angloparlantes han logrado consolidar. Lo que queda claro es que, ante una Rusia agresiva, una Corea del Norte nuclear y una China en expansión, las potencias medianas ya no pueden observar desde la periferia: están construyendo capacidades propias, reforzando alianzas y aprendiendo que el espionaje sigue siendo un arte imperfecto, pero esencial para la seguridad nacional.
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