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La abogada septuagenaria que se coronó reina del Studio 54

Una abogada retirada transformó una noche de septiembre de 1977 en su reinado sobre la pista de baile neoyorquina.

En septiembre de 1977, Sally Lippman, una abogada retirada de 77 años, se plantó tres horas en la vereda de la calle 54 Oeste, en Hell’s Kitchen, antes de colarse en el mítico Studio 54. Con su Metro 48, zapatillas de caña alta y gafas de sol, se tapó los oídos con algodón para amortiguar el ruido de la ciudad. Un amigo gay de 25 años la convenció con un simple “tenés que verlo” y, pese a la duda inicial, la mujer aceptó la invitación.

La puerta que se abrió sin fila

El portero del club, Marc Benecke, de apenas 19 años, ya era una figura influyente en la vida nocturna neoyorquina. Al ver a la septuagenaria vestida de forma tan desenfadada, le abrió la puerta sin pedirle que esperara en la fila. No solo le concedió la entrada esa noche, sino que le otorgó un pase permanente de “no cover”, permitiéndole volver cuando quisiera sin pagar ni hacer fila. Ese gesto la transformó en una presencia habitual de la pista.

Del estrado a la pista de baile

Lippman había ingresado al Colegio de Abogados de Nueva York en los años veinte y dejó de ejercer antes de los treinta. Tras enviudar en 1975, confesó al presentador Bill Boggs que nunca había bailado porque su marido no lo permitía. Dos años después, la pista del Studio 54 se volvió su segunda casa. Al principio asistía dos veces por semana, luego todas las noches, describiendo la experiencia como “una droga” que la mantenía viva.

Mark Fleischman, futuro propietario del club, la recordó como una mujer vivaz de casi ochenta años que bailaba como si tuviera treinta, acompañada siempre de un joven llamado John. Según sus memorias, la combinación de la música, la luz de la luna mecánica y la cocaína la mantenía en movimiento de medianoche a la madrugada, deteniéndose solo para ir al baño o tomar otra línea.

El exceso que marcó la época

Studio 54 no ocultaba su relación con la cocaína: una escultura mecánica de una luna sostenía una cuchara iluminada que señalaba la droga. Los clientes dejaban frascos como propina y, en una fiesta de Navidad, los VIP recibieron bolsitas de cocaína atadas con cintas festivas. En medio de ese caos, Sally bailaba sin pausa, a veces acompañada por Dustin Hoffman o Bill Murray, y en 1978 su nieta enfermera la acompañó en varias salidas.

Apariciones televisivas y vida fuera del club

La figura de “Disco Sally” cruzó la pantalla del Today Show, donde declaró: “Estoy pasando el mejor momento de mi vida. ¿Qué tiene de malo morir en la pista de baile?”. También apareció en The Lawrence Welk Show, enseñando pasos de disco al propio conductor. Además, invitaba a personal del club a cenar en su departamento, convirtiéndose en una anfitriona querida entre camareros y asistentes.

En la pista conoció a John Touzos, de 28 años, a quien llamaba “mi dios griego”. La diferencia de edad no pasó desapercibida, pero la pareja siguió bailando junta hasta que, en junio de 1980, se casó en el club Magique ante 2.000 invitados, entre los que estaban Lindsay Wagner, David Brenner y Peter Frampton.

El cierre del sueño disco

El 14 de diciembre de 1978, el Servicio de Impuestos Internos allanó Studio 54, hallando 600.000 dólares en efectivo y cinco onzas de cocaína. Rubell y Schrager fueron condenados en 1980, y la última fiesta del club se realizó del 2 al 3 de febrero de ese año, con Diana Ross y Liza Minnelli como estrellas.

El 26 de mayo de 1982, Sally Lippman falleció en el Hospital Monte Sinaí a los 81 años, tras una cirugía complicada. Su marido, John Touzos, estaba a su lado. La abogada había pedido que su funeral fuera acompañado de música disco, deseo que su familia no pudo cumplir.

Legado que perdura

En 1998 la película 54 presentó a Disco Dottie, personaje inspirado en Lippman, y el mismo año el edificio de la discoteca se transformó en un teatro de la Roundabout Theatre Company. En 2012, el sótano del antiguo club renació como el cabaret 54 Below, manteniendo viva la memoria de la pista que una vez albergó a la mujer que, a los 77 años, probó la cocaína y se coronó reina de la noche neoyorquina.

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