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Irán endurece la represión del hiyab y amplía la vigilancia estatal a cinco años del caso Mahsa Amini

El gobierno iraní endurece la normativa del hiyab y amplía la vigilancia estatal en el quinto aniversario de la muerte de Mahsa Amini.

El gobierno iraní aprobó este lunes un decreto que vuelve a obligar el uso del hiyab, refuerza la vigilancia de la policía religiosa y endurece las sanciones contra quien no cumpla la normativa. La medida llega en el quinto aniversario de la muerte de Mahsa Amini, la joven kurda que falleció el 16 de septiembre de 2022 tras ser detenida por no llevar el velo “correctamente”.

El nuevo código del hiyab aprieta la vida cotidiana

Según el texto aprobado, los comercios, cafés, restaurantes y cualquier establecimiento que permita una versión más flexible del hiyab pueden ser multados con cifras que superan los cientos de millones de riales o incluso clausurados. Las autoridades argumentan que la medida busca “garantizar la moral pública”, pero la práctica se traduce en una presión diaria que ahoga a las mujeres que quieren expresar su identidad sin temor a represalias.

Universidades bajo el ojo vigilante de grupos ultra religiosos

En los campus académicos se ha activado una red de grupos de mujeres ultra religiosas cuya tarea es vigilar y denunciar a estudiantes que no respeten el código de vestimenta. Las sanciones van desde procesos disciplinarios internos hasta la expulsión definitiva. La estrategia crea un clima de autocensura que dificulta cualquier forma de disidencia dentro del entorno universitario.

Alza de ejecuciones y represión judicial

Los datos oficiales indican que en 2025 se ejecutaron 1.639 personas, un 68 % más que el año anterior. Desde inicios de 2026, los números oficiales se vuelven imprecisos, pero ONG internacionales reportan cientos de ejecuciones sumarias en los últimos meses, con 89 personas ejecutadas en agosto solo. La escalada coincide con la intensificación del conflicto bélico en la región, que el régimen aprovecha para depurar a opositores, recordando la masacre de 1988 cuando más de 30.000 presos políticos fueron fusilados.

Los tres pilares que sostienen el nuevo poder

El aparato de control se sostiene sobre tres vértices: Mojtaba Khamenei, hijo del supremo ayatolá; los Pasdaran, la Guardia Revolucionaria Islámica; y el Jebhe-ye Paydari, el partido ultrareligioso que se autodenomina “super revolucionario”. Mojtaba, con antecedentes en la milicia Basij, impulsa una línea política más rígida que la de su padre. Los Pasdaran, bajo el mando del general Ahmad Vahidi y el estratega Mohsen Rezaee, han convertido al cuerpo en una verdadera junta militar sin contrapesos políticos, controlando recursos económicos clave como el estrecho de Ormuz. Por su parte, el Jebhe-ye Paydari alimenta una visión apocalíptica que vincula la guerra con la llegada del imán Mahdi, reforzando la hostilidad hacia Occidente.

Reacciones internacionales y perspectivas para la población

Las promesas de ayuda internacional, como el mensaje de Donald Trump en enero de 2026, no lograron frenar la marea de violencia; al contrario, el régimen ha salido reforzado y más tiránico. Mientras la comunidad internacional debate sanciones y diálogos, las calles de Teherán siguen marcadas por el silencio impuesto y la constante amenaza de represalias, dejando a la población iraní sin una esperanza real de cambio.

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