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Cómo latido, respiración y ritmo gástrico marcan la memoria y el miedo

El ritmo interno del cuerpo funciona como metrónomo que regula lo que recordamos y tememos.

Cómo latido, respiración y ritmo gástrico marcan la memoria y el miedo

El cuerpo marca el compás de la mente

Un equipo de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB) publicó en Neuroscience of Consciousness que los latidos del corazón, la inhalación‑exhalación y los movimientos gástricos no son simples acompañantes de la actividad mental. Según la neurocientífica Asa Young, del laboratorio del profesor Jonathan Schooler, esas señales internas actúan como un metrónomo que sincroniza grupos de neuronas, determinando cuándo el cerebro está más o menos receptivo a la información que llega.

Respiración e inhalación favorecen el recuerdo

En la prueba, los participantes tuvieron que fijar la mirada en una serie de imágenes y responder con un botón. Cada vez que iniciaban la tarea inhalaban, y al contestar exhalaban. Los datos mostraron que la memoria de una foto se reforzaba cuando se presentaba durante la fase de inhalación y decayía en la de exhalación. Este hallazgo se suma a estudios anteriores que vinculaban la respiración profunda con la consolidación de recuerdos, y explica por qué técnicas de mindfulness que enfatizan la inhalación pueden mejorar la capacidad de retención.

El pulso acelera la detección del peligro

Los investigadores también analizaron la rapidez con la que los sujetos identificaban estímulos amenazantes, como imágenes terroríficas. Resultó que la detección se aceleraba justo en el momento en que el corazón se contraía, mientras que estímulos neutros perdían velocidad en ese mismo instante. Desde una perspectiva evolutiva, el latido funciona como un filtro que prioriza la información potencialmente peligrosa, preparando al organismo para una respuesta de lucha o huida.

Desbalance de la señal corporal y trastornos emocionales

Lo crucial no es la intensidad aislada del latido o la respiración, sino la forma en que ambos se integran con el sistema nervioso. Dos personas pueden presentar la misma frecuencia cardíaca, pero vivir experiencias distintas según cómo esos latidos modulen la actividad neuronal. Un vínculo demasiado intenso se asocia a la ansiedad, donde las señales internas resultan imposibles de silenciar; una conexión debilitada se relaciona con la depresión, que reduce la sensibilidad a los propios estados fisiológicos. En Argentina, donde la prevalencia de trastornos ansiosos supera el 15 % de la población, entender este desbalance abre nuevas vías para intervenciones basadas en la regulación del cuerpo.

Una visión integrada de mente y cuerpo

Estos resultados rompen la vieja dicotomía entre “solo la mente” y “solo el cuerpo”. Emociones, percepción y sentido del yo se construyen en parte gracias a los mensajes que llegan desde los órganos internos. Young advierte que un cerebro aislado podría generar actividad eléctrica, pero sin los latidos, la respiración y el ritmo gástrico carecería de la cadencia que da vida a la experiencia humana. La conclusión es clara: la conciencia surge de la interacción constante entre cuerpo y cerebro, y cualquier intento de separar ambos sistemas pasa por alto la esencia de lo que somos.

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