El Estrecho de Ormuz: ¿Un campo de batalla para la supremacía energética?
La lucha por la supremacía energética en el Estrecho de Ormuz

El Estrecho de Ormuz: ¿Un campo de batalla para la supremacía energética?
La tensión en el Estrecho de Ormuz ha escalado en las últimas semanas, con Irán aumentando su presencia militar en la región y amenazando con cerrar el estrecho, lo que podría tener un impacto significativo en el mercado energético global. Sin embargo, detrás de esta amenaza se esconde una realidad más compleja, que involucra a potencias globales como Estados Unidos y países productores de petróleo como la Argentina.
El régimen iraní, que ha sido durante décadas el principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo, ha visto cómo su proyecto de expansión regional se ha derrumbado después de que Israel desmantelara a Hezbollah y a Hamas, y Estados Unidos infligiera un daño significativo a su ejército, economía y conducción política. Lo que queda en Teherán es un régimen debilitado que busca mantener su influencia en la región a través de la intimidación y el terrorismo.
La estrategia de Irán se centra en aterrorizar a sus vecinos musulmanes y a las rutas marítimas, utilizando métodos como minas, lanchas rápidas y amenazas contra los buques, que son más baratos que mantener una red de proxies regionales. De esta manera, Irán busca producir los mismos titulares y primas de seguro que antes, pero con un presupuesto más reducido. La exportación de revolución ha dado paso a la exportación de riesgo.
La inseguridad en el Estrecho de Ormuz es un tema que preocupa a los importadores de petróleo, especialmente a China, que es el mayor importador de petróleo del mundo y depende en gran medida de la región para su suministro de crudo. Sin embargo, para Estados Unidos, la situación es diferente. Aunque se le pide que garantice la seguridad del estrecho, la verdad es que un Ormuz inseguro sirve a los intereses estadounidenses.
La producción de petróleo en Estados Unidos se ha incrementado significativamente en los últimos años, gracias a la extracción de petróleo de esquisto, que es más caro que el crudo convencional. Cuando el precio del petróleo sube debido a la inseguridad en el Estrecho de Ormuz, la producción estadounidense se vuelve más rentable. Además, Estados Unidos es ahora un exportador neto de petróleo y gas, lo que significa que se beneficia directamente del aumento del precio del petróleo.
La Argentina también se ve afectada por la situación en el Estrecho de Ormuz, pero de manera diferente. La producción de crudo en Vaca Muerta ha transformado al país de importador crónico de energía en exportador neto, lo que cambia por completo cómo se ve afectado por un shock petrolero. La producción de crudo en la Argentina ha crecido más de un 15% en los últimos años, y el superávit energético del país se encamina a superar los 8.000 millones de dólares.
La historia de la Argentina con Irán es compleja y dolorosa. En 1992, un coche bomba destruyó la Embajada de Israel en Buenos Aires, matando a 22 personas. La Corte Federal de Casación Penal argentina dictaminó que el atentado fue organizado, planificado, financiado y ejecutado por el Estado iraní, a través de Hezbollah. La Argentina ha conocido en carne propia la fuerza brutal y asesina de Irán, y ahora se encuentra del lado correcto del terremoto, junto con Estados Unidos, debido a la producción de crudo en Vaca Muerta.
En resumen, la situación en el Estrecho de Ormuz es un tema complejo que involucra a potencias globales y países productores de petróleo. Detrás de la amenaza iraní se esconde una realidad más profunda, que implica la lucha por la supremacía energética y la influencia regional. La Argentina, gracias a la producción de crudo en Vaca Muerta, se encuentra en una posición privilegiada para aprovechar los beneficios de esta situación y consolidar su posición como exportador neto de energía.
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