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Kiev bajo asedio: la ola de drones rusos que golpea la vida cotidiana

Drones baratos y una estrategia de terror que pone a prueba la resiliencia de la capital ucraniana.

Kiev bajo asedio: la ola de drones rusos que golpea la vida cotidiana

Durante la última semana, drones de fabricación rusa impactaron un supermercado, un hospital y la Academia Nacional de Ciencias en pleno corazón de Kiev, dejando al menos dos muertos y a varios supervivientes colgando de ventanas en llamas. La escena de caos se extendió por las calles mientras la población intentaba refugiarse entre los escombros.

Una táctica que remonta al pasado

En 1917 Lenin ya había señalado a infraestructuras estratégicas como la central telefónica y los puentes como objetivos clave. Cuatro años y medio después, el presidente Vladimir Putin dirige sus ataques a objetivos mucho más cotidianos: la comida, la salud y la información. La lógica es clara: sembrar miedo en la población para minar la voluntad de seguir adelante.

Inteligencia ucraniana alerta sobre una campaña triple

Dos altos funcionarios de la inteligencia de Ucrania, citados por The Economist, aseguraron que Moscú está ejecutando simultáneamente bombardeos, sabotaje y desestabilización política en la capital. Uno de ellos indicó que centros de datos y supermercados fueron marcados como prioridades, mientras que el otro advirtió que la presión se intensificará antes del invierno, alcanzando su punto máximo en noviembre.

Los drones, la nueva cara del terror

Lo que diferencia a esta fase del conflicto son los drones baratos, pilotados y propulsados por pequeños reactores, capaces de localizar objetivos en tiempo real. Según fuentes de seguridad, Rusia tendría “miles” de estos aparatos almacenados y planea usar todas sus reservas balísticas en los próximos dos meses. Ucrania, por su parte, aún tarda meses en producir interceptores Patriot en la cantidad necesaria.

Sabotaje y desinformación más allá del aire

Los servicios de contrainteligencia ucranianos desmantelan entre siete y ocho complots rusos por semana, muchos organizados a distancia mediante Telegram. Algunas células siguen inactivas, pero la amenaza de ataques híbridos persiste, incluyendo asesinatos y actos terroristas convencionales. La desinformación también forma parte del plan; aunque la población ha desarrollado filtros contra la propaganda, el cansancio y la depresión tras años de guerra hacen que la manipulación ideológica tenga mayor alcance.

Resiliencia de la infraestructura y la cotidianidad

Expertas como Olga Babiy sostienen que, pese a los ataques a la red eléctrica y al suministro de agua, el sistema de internet de Kiev está suficientemente descentralizado para resistir los incendios en los centros de datos. La prioridad ahora es la rapidez de la reparación, no la imposibilidad de destrucción. En la práctica, la vida en la capital sigue con conciertos y cafés que vuelven a abrir después de cada explosión, aunque la migración de familias acomodadas hacia casas de campo y la disminución de la población urbana indican una posible despoblación parcial antes del frío.

Lecciones históricas y el horizonte invernal

La historia muestra que los bombardeos por sí solos rara vez obligan a un país a rendirse. Ucrania ha demostrado una resistencia mayor a la esperada, con contraofensivas exitosas cerca de Lyman que han revertido avances rusos. No obstante, la presión sobre la población civil sigue siendo el objetivo principal de Putin, y la comunidad internacional observa con inquietud cómo evoluciona la campaña antes de que el invierno llegue a la región.

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