Surinam bajo la sombra de China: deudas, guardias armados y minería sin freno
La presencia militar y económica de China en Surinam plantea una crisis de soberanía y medio ambiente.

El 14 de julio la selva de Brokopondo, en el distrito de Sarakreek, se convirtió en escenario de un operativo policial que puso en foco la creciente presencia de China en Surinam. Catorce ciudadanos chinos, uniformados y portando la bandera nacional, fueron detenidos por la policía local mientras patrullaban una zona conocida por la extracción ilegal de oro. El suceso, captado por vecinos y difundido en redes, reveló la magnitud de la relación entre ambos países, una nación de 650 mil habitantes que históricamente ha estado más vinculada al Caribe que al resto de Sudamérica.
Guardias chinos en territorio minero
Según el ministro de Justicia, Harish Monorath, los detenidos realizaban supuestas labores de seguridad para gigantes mineros vinculados al Partido Comunista Chino, entre los que se encuentran Zijin Mining Group y la China Mega Suriname Mining Investment Company. Estas empresas habrían contratado a los uniformados para controlar la zona y proteger sus intereses en una región donde la minería ilegal de oro se ha convertido en una verdadera industria paralela.
El puño de Beijing en la Amazonía surinamesa
La presencia china no se limita a los guardias armados. Desde hace décadas, compañías de Beijing invierten en la explotación forestal y minera, provocando una ola de deforestación que afecta a los pueblos originarios, sobre todo a la comunidad Saamaka. Las concesiones madereras otorgadas a firmas chinas han abierto caminos en la selva, facilitando el traslado de troncos que, según investigó The Washington Post, parten desde puertos del río Surinam hacia China, a veces acompañados de mercancías ilegales.
Proyectos mineros que avivan la polémica
El caso más emblemático es la futura mina de bauxita de Chinalco, filial del gigante estatal chino. Con una concesión de 280 mil hectáreas, la obra prometía producir seis millones de toneladas al año durante treinta años, además de construir un puerto y un ferrocarril y obtener derechos para dragar el río Corantijn. La Asociación de Líderes de Aldeas Indígenas de Surinam denunció que el memorando de entendimiento se firmó en noviembre de 2024 sin consultar a las comunidades, vulnerando el derecho al consentimiento libre, previo e informado. Surinam sigue sin reconocer formalmente los derechos ancestrales de sus pueblos indígenas, pese a la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 2007.
Deuda colosal y dependencia financiera
El vínculo económico entre ambos países se profundizó entre 2010 y 2020, cuando el entonces presidente Dési Bouterse alineó su gobierno con Xi Jinping. Como resultado, Surinam acumuló una deuda de 544 millones de dólares con el China Exim Bank y el Industrial and Commercial Bank of China. En noviembre de 2024 el ministro de Finanzas, Stanley Raghoebarsing, firmó un acuerdo de reestructuración que mantiene la presión sobre las arcas públicas, mientras el país sigue pagando intereses que drenan la economía nacional.
Impacto social y ambiental
Los efectos colaterales de esta relación son palpables en la vida cotidiana de los surinameses. La deforestación acelera la pérdida de biodiversidad y destruye los territorios tradicionales de los pueblos Saamaka y otras comunidades indígenas, que son desplazados sin compensación. La minería ilegal de oro, en muchos casos controlada por empresas chinas, contamina ríos y pone en riesgo la salud de los habitantes de la zona. Surinam, que logró su independencia de los Países Bajos el 25 de noviembre de 1975, se encuentra ahora atrapado entre la necesidad de inversión y la amenaza de perder su soberanía sobre recursos estratégicos.
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