Salud

Masticar lento: qué dice la ciencia y su real impacto en la pérdida de peso

Masticar con calma ayuda a sentir saciedad, pero no es la fórmula mágica para bajar de peso

Masticar lento: qué dice la ciencia y su real impacto en la pérdida de peso

El consejo de masticar más despacio tiene base científica, pero no es la receta única para bajar de peso.

Persona tomando tiempo para masticar y saborear una comida

En los últimos diez años el mensaje de “comé más despacio” se coló en los hogares, las oficinas y los gimnasios de Córdoba. La lógica parece sencilla: el cerebro tardaría en registrar que el estómago está lleno, así que al alargar la comida se consumirían menos calorías y, con el tiempo, se perderían kilos.

Cómo actúan las hormonas al comer despacio

Cuando la comida llega al intestino, éste libera hormonas como la PYY y el GLP‑1. Estas sustancias van subiendo en la sangre y, al tocar el cerebro, provocan la sensación de saciedad. El viaje de la señal no es inmediato; necesita varios minutos para que el cerebro las interprete. Por eso, al tomarse más tiempo en la mesa, se brinda a esas hormonas la oportunidad de actuar antes de que el plato quede vacío.

Lo que muestran los estudios

Un ensayo con 17 hombres sanos comparó una comida consumida en cinco minutos contra la misma comida en treinta minutos. Los que se tomaron su tiempo presentaron mayor liberación de PYY y GLP‑1 y una sensación de plenitud ligeramente superior. En cambio, otro estudio con 25 adultos que probó intervalos de siete, catorce y veintiocho minutos no halló diferencias significativas en la mayoría de hormonas ni en la ingesta calórica posterior.

Una revisión sistemática que agrupó 22 trabajos experimentales confirmó que, en promedio, comer más despacio se asocia con una ingesta energética menor. Sin embargo, la revisión advirtió una gran heterogeneidad entre los estudios y señaló que el efecto sobre el hambre no se mantuvo más allá de tres horas y media después de la comida.

Más allá del ritmo: la complejidad de la saciedad

La digestión comienza en la boca, donde la saliva y sus enzimas empiezan a descomponer el almidón. Esa acción temprana no implica que una masticación excesiva aumente la carga intestinal. Lo que realmente regula la sensación de estar lleno es la red hormonal: CCK, GLP‑1, PYY y, en sentido opuesto, la grelina, que estimula el apetito.

En personas con obesidad o diabetes tipo 2, los estudios indican que prolongar la comida a treinta minutos puede elevar la sensación de plenitud frente a una ingestión rápida de cinco minutos. Pero esa ventaja no se traduce automáticamente en una pérdida de peso sostenida.

Programas de larga duración y sus límites

Los protocolos que intentan modificar la velocidad al comer suelen dar resultados alentadores en las primeras semanas, pero la efectividad se diluye con el tiempo. Por ejemplo, un estudio de cinco semanas con 65 mujeres logró que redujeran la velocidad de sus comidas, pero la disminución de la ingesta calórica no alcanzó significancia estadística.

En la práctica, bajar de peso depende de un balance entre la energía consumida y la gastada, la calidad de los alimentos y los hábitos de actividad física. Comer despacio puede ser una herramienta útil dentro de un enfoque integral, pero no reemplaza la necesidad de una alimentación equilibrada y movimiento regular.

Qué aplicar en la mesa cordobesa

Si bien masticar con calma favorece la percepción de saciedad y ayuda a evitar atracones impulsivos, no es un atajo para perder kilos. La clave está en combinar esa práctica con elecciones alimentarias inteligentes, porciones controladas y actividad física constante. En otras palabras, la paciencia en la mesa suma, pero el resto del plan sigue siendo esencial.

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