Ucrania exige sanciones más duras a EE. UU. mientras Moscú intensifica la campaña de terror
Kiev pide al Congreso americano acelerar la Ley Lindsey O. Graham para frenar los constantes bombardeos rusos.

Este sábado, el canciller ucraniano Andri Sibiga solicitó al Congreso de Estados Unidos que apruebe sin dilación la Ley Lindsey O. Graham, una norma que busca endurecer las sanciones contra Rusia e Irán después de que misiles rusos siguieran cayendo sobre varias ciudades ucranianas. El llamado se produce en medio de una oleada de ataques que dejó al menos cuatro muertos y cerca de sesenta heridos en regiones como Zaporizhzhia, Odesa, Donetsk, Dnipropetrovsk, Sumy y la capital, Kiev.
La ofensiva diplomática de Kiev
Sibiga advirtió que la presión sobre el presidente Vladimir Putin sigue siendo insuficiente frente a una campaña de terror que no da señales de ceder. En sus palabras, la ausencia de sanciones contundentes permite a Moscú mantener su estrategia de bombardeos indiscriminados, y solo una respuesta rápida de Washington podría frenar la escalada.
Qué propone la Ley Lindsey O. Graham
El proyecto, impulsado por el fallecido senador republicano de Carolina del Sur, fue aprobado en el Senado el 7 de agosto con 86 votos a favor y 11 en contra. Entre sus medidas destacan aranceles de hasta el 500 % a todas las importaciones procedentes de Rusia y gravámenes de hasta el 100 % sobre bienes de países que consumen energía rusa, como China, India, Japón y algunos miembros de la Unión Europea. Además, la norma prohibiría nuevas inversiones estadounidenses en el sector energético ruso y sancionaría a funcionarios del Kremlin y a entidades financieras vinculadas al conflicto.
En la Cámara de Representantes, la iniciativa se topa con resistencia. Legisladores de ambos bloques temen que los aranceles encarezcan los productos importados para los consumidores estadounidenses y que la medida se convierta en un arma política en las elecciones de mitad de mandato.
Zelenski abre la puerta al G20 de Miami
Paralelamente al trabajo en Washington, el presidente Volodímir Zelenski anunció su disposición a reunirse con Putin en los márgenes del G20 que se celebrará a mediados de diciembre en Miami. La declaración la hizo en una entrevista con la cadena alemana DW desde la base aérea canadiense de North Bay, donde se encontraba con pilotos ucranianos en entrenamiento.
Zelenski insistió en que no se trata de palabras, sino de resultados, y sostuvo que solo una conversación cara a cara entre los dos mandatarios puede desbloquear los temas territoriales que frenan las negociaciones de paz. El Kremlin respondió con cautela: el asesor presidencial Yuri Ushakov indicó que aún no se había discutido la posibilidad de que Putin viaje al G20, aunque los preparativos de la cumbre siguen su curso normal.
El desafío del frente aéreo
En la misma entrevista, el presidente pintó un panorama preocupante para la defensa aérea ucraniana. Según sus cifras, Rusia produce alrededor de 140 misiles balísticos al mes, mientras que Ucrania necesitaría el doble, es decir, 280 proyectiles mensuales, para mantener el ritmo de intercepciones recomendado por la OTAN. Zelenski pidió a EE. UU. y a los aliados europeos intensificar el suministro de munición para los sistemas Patriot, apuntando a alcanzar entre 100 y 120 misiles al mes, sobre todo en los meses fríos, cuando los ataques a la infraestructura energética se intensifican.
A pesar de la presión, el mandatario aseguró que Ucrania se encuentra en una posición de mayor fortaleza en el campo de batalla y que Rusia paga un precio elevado por cada pequeño avance que logra. Comentó también que la visita reciente de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner a Kiev fue una “buena señal”, aunque no trajo resultados concretos.
Contexto regional y repercusiones
La petición de Kiev se inscribe en una serie de iniciativas internacionales que buscan aislar a Moscú tras la invasión iniciada en 2022. Países de la UE y aliados de la OTAN ya han impuesto sanciones que van desde la congelación de activos hasta prohibiciones de exportación de tecnología militar. Sin embargo, la presión de los Estados Unidos sigue siendo decisiva, ya que su capacidad para imponer aranceles y bloquear inversiones energéticas puede marcar la diferencia entre una economía rusa que se debilita rápidamente o una que logra sortear los embates externos.
Mientras tanto, la población civil de Ucrania sigue pagando el precio más alto. Cada día que los misiles continúan cayendo, se incrementan las pérdidas humanas y materiales, y la necesidad de una respuesta internacional más firme se vuelve cada vez más urgente.
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