El mito del agua fría y la digestión: ¿qué dicen los expertos?
La ciencia desvela los efectos del agua fría en nuestra salud digestiva

El verano es la temporada perfecta para refrescarnos con un vaso de agua helada, pero siempre ha habido un rumor sobre el efecto que el agua fría tiene en nuestra digestión. La pregunta es, ¿es cierto que beber agua helada puede bloquear o ralentizar el proceso digestivo? Para abordar esta duda, contamos con la perspectiva de Silvia Gómez, especialista en aparato digestivo, quien asegura que ‘el agua fría no bloquea la digestión, pero si está demasiado fría puede volverla más lenta y menos confortable’.
La idea de que el agua fría pueda afectar negativamente la digestión se basa en la teoría de que el frío induce vasoconstricción gástrica transitoria. Esto significa que cuando ingerimos un líquido muy frío, los vasos sanguíneos en el estómago se contraen temporalmente para conservar el calor corporal. Aunque esta explicación tiene una base fisiológica, es importante considerar los resultados de estudios científicos que han investigado específicamente el impacto del agua fría en la digestión.
Un estudio publicado en el año 2020 tomó a 11 hombres sanos y les dio 500 mL de agua a tres temperaturas diferentes: 2 °C, 37 °C y 60 °C. Los resultados mostraron que el agua a 2 °C redujo significativamente la frecuencia de las contracciones gástricas en comparación con el agua a temperatura corporal o caliente durante la hora posterior a una comida. Sin embargo, este efecto no se tradujo en un ‘bloqueo’ de la digestión, sino más bien en una digestión ligeramente más lenta y menos cómoda.
Es importante destacar que, aunque el agua fría puede tener un efecto temporal en la motilidad gástrica, el cuerpo humano tiene una capacidad termorreguladora que permite restaurar la temperatura corporal y, con ella, la actividad gástrica normal en cuestión de minutos. Por lo tanto, para la mayoría de la población, beber agua fría no supone un riesgo significativo para la salud digestiva.
No obstante, existen ciertos grupos de personas para las cuales el consumo de agua fría podría tener implicaciones diferentes. Pacientes con patologías funcionales como la dispepsia funcional, el reflujo gastroesofágico, la gastritis o el síndrome del intestino irritable podrían experimentar un aumento en sus síntomas debido a los estímulos térmicos bruscos que modifican la motilidad gástrica. En estos casos, es crucial seguir las recomendaciones del médico especialista para manejar su condición de la manera más efectiva posible.
En efecto, la clave está en entender que cada persona puede responder de manera diferente a los estímulos térmicos, y es importante ser consciente de las necesidades individuales para mantener una salud digestiva óptima. Si bien la ciencia no respalda la idea de que el agua fría ‘bloquee’ la digestión, sí sugiere que puede afectar la velocidad y la comodidad del proceso digestivo. Por lo tanto, es fundamental beber agua a temperatura moderada y evitar consumir líquidos extremadamente fríos antes o después de las comidas.
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